Cuento folclórico de los
Hermanos Grimm. Cuentacuentos Irune Labajo, adaptado por María Jesús
Campos futura maestra de Educación Infantil. (Dirigido a 4-8
años)
Hace mucho tiempo un día,
por la noche, cuando estaba en mi cuarto sin poder dormirme, mi
abuela ,tan oportuna como siempre ,se presento de repente en él
preguntándome cómo es que seguía despierta a esas horas de la
mañana, cuando al día siguiente había colegio. Yo le respondí que
no sabía por que y que era incapaz de dormirme por más que lo
desease. Entonces ella, acurrucándome entre sus brazos y
acariciándome la mejilla se dispuso a contarme uno de los mejores
cuentos me había contado jamás. Mi abuela me dijo que su abuela,
cuando ella era pequeña, se lo contó, y que debía hacer lo mismo
conmigo. De pronto empezó...
“Erase una vez, un rey
y una reina que vivían en un enorme y gigantesco castillo. Estos
magníficos reyes eran muy especiales para todo el pueblo, porque
nunca desde hace siglos había reinado tanta bondad, maestría y amor
a la vez. Eran un ejemplo y un orgullo para todos los habitantes del
reino. Eran jóvenes pero no por ello inexpertos. El rey muy
atractivo pero a la vez muy valiente y heroico. Por otro lado la
reina era mujer más bella que jamás nadie había visto. Su
hermosura era tan resplandeciente que cada vez que la veían todos se
quedaban embobados viendola pasar.
Todo era tan maravilloso
que nada podía estropear la perfecta vida que ambos tenían pero
todavía ansiaban una cosa más, un hijo, un heredero del trono. Nada
más desearlo la reina se quedó embarazada. Todos estaban tan
felices que solo tenían en mente la llegada de la esperada niña que
pronto nació. Pero nada fue como esperaban. Después de la llegada
de la niña, la reina se puso enferma, nadie, ni los mejores médicos
del reino sabían que le ocurría, solo que no le quedaba mucho
tiempo de vida. Antes de morir le hizo prometer al rey que buscaría
una nueva esposa para poder darle al reino un heredero varón al
trono, pero con la condición de que la mujer que se casase con él
debía de ser más guapa que ella.
Tras su muerte el rey
triste y apenado se dispuso a buscar a una mujer, pese a que no era
de su interés quiso mantener la promesa que le hizo a su mujer. Pero
ni en todo el reino encontraba a una mujer que fuese ni la mitad de
guapa que ella por lo que siguió buscando fueras de su reino pero
nunca las consideraba tan guapas como ella.
A todo esto pasan los
años, y la hija, que la llamaron Linda, se hace cada día más
grande y mayor reflejando así los rasgos tan deslumbrantes que tenía
su madre. Linda quería saber más y más de su madre ya que toda la
corte le decía lo mucho que se parecía a ella y su padre apenas le
había contado cosas de ella y cuando le preguntaba se ponía aún
más triste, por lo tanto, mientras su padre estaba sumido en sus
asuntos ella se propuso investigar todo el castillo en busca de
objetos o cosas de su madre.
Linda que le encantaba
investigar y era muy cabezota se puso a registrar de arriba a abajo
el castillo y como por arte de magia descubrió un pasadizo que daba
lugar a una habitación. Cuando la abrió se quedo maravillada con
las cosas tan bonitas que había allí de su madre. Eran vestidos
preciosos hechos con las telas más fascinantes, preciosas y
difíciles de encontrar. Había en la pared retratos de su madre y
pudo descubrir el asombroso parecido que tenían. Eran como dos gotas
de agua. La niña que con el paso del tiempo se había convertido en
una mujer se puso a probarse todos y cada uno de los vestidos de
madre, pero fueron tres los que más le llamaron la atención. Eran
tres vestidos únicos, nunca había visto nada igual, uno era un
vestido
tan dorado como el sol, otro tan plateado como la luna y el último
era tan brillante como las estrellas.
Linda
no paraba de bailotear y cantar con los vestidos, como si hubiese
encontrado un tesoro tremendamente valioso para ella. De repente, se
paró, se dirigió a una esquina donde había un baúl mi antiguo y
con mucho polvo, como sino lo hubiesen abierto en años. Cuando lo
abre en una pequeña caja y encima encuentra una cadena de oro con un
anillo colgado, el anillo de boda de su madre. Debajo de esta
cadenita encontró un abrigo que estaba hecho de todas clase de
pieles, todas las pieles del mundo se quedó maravillada, de todos
los vestidos este era el más extraño pero a la vez original que
había visto.
Entre
que su padre estaba encerrado pensando en sus asuntos, y los
consejeros y las personas de la corte estaban con él, ella aprovechó
para salir al bosque y pasear los maravillosos vestidos con los que
se había hecho. Tan contenta y risueña muy coqueta ella, se puso el
abrigo de toda clase de pieles y se fue directa a que todos los
animalitos del bosque la vieran, (ya que no se lo podía enseñar a
nadie por lo menos que fuesen los animales quienes lo contemplasen).
Sin
querer y sabiendo lo despistada que siempre había sido cuando se
quiso dar cuenta ya era de noche y entre aquello y lo otro (que mira
que vestido tan bonito etc) se perdió, y no sabía como volver a
Palacio.
Hecha
un ovillo se hecho la capucha encima y pasó la noche allí. Y otra,
y otra, y otra más. El tiempo fue pasando y la hija del rey seguía
sin saber volver. Pensaba que la encontrarían de un momento a otro,
que su padre mandaría toda la corte a buscarla, pero nunca apareció.
Con el tiempo ella ya no quería volver por miedo a que su padre la
castigase por haber salido tan tarde al bosque y sin permiso.
Un
día, mientras estaba caminando en el bosque escuchó el ruido de
unos hombres. Ella se hizo un ovillo, como solía hacerse, pero los
hombres que eran cazadores la vieron y como llevaba el vestido de
toda clase de pieles pensaron que era un animal del bosque, de pronto
ella se levanto y gritó: “No me matéis por favor, os lo suplico,
soy una persona, no soy un animal”. Los cazadores le preguntaron
quien era pero ella les dijo que no lo recordaba pensando que si les
decía la verdad la llevarían al castillo.
Cuando
los cazadores vieron que era una simple chiquilla, la cogieron y la
llevaron con ellos. Ella ya estaba pensando la escusa que le iba a
dar a su padre, pero de repente ve que la llevan a un sitio
desconocido para ella. Cuando ve que no es su castillo se tranquiliza
y se deja llevar. Allí todos empezaron a preguntarle que como se
llamaba, y ella como no quería decir su nombre real, empezó a decir
que ella era “Toda clase de pieles” y que se llamaba así y que
no recordaba quien era.
Todos
pensando que se había dado un golpe en la cabeza decidieron que se
quedaba en el castillo pero de sirvienta ayudando al cocinero. Nunca
se despasaba de su abrigo.
Un
día ella ve al Príncipe de la corte. El Príncipe simpático,
amable, gracioso, guapo, caballeroso, bondadoso. No se le ocurrían
más adjetivos para definirle pero de lo que estaba segura es que se
había enamorado completamente de él.
Un
día, se anuncia que el Príncipe tenía que elegir esposa. Por lo
que todas las chicas del reino las invitan a tres noches de baile,
donde tendrán la oportunidad de enamorar y conquistar al Príncipe.
“Toda
clase de pieles” decide que tiene que ir como sea, que ella quiere
casarse con el Príncipe, quiere ser su esposa, y quiere tener la
oportunidad como las otras de enamorarle, por lo que esa noche
después de haber estado toda la noche trabajando se escapa de las
cocinas se va a su cuarto, se asea, se pone guapa y se viste con el
vestido tan dorado como el sol y se va al baile.
El
Príncipe en cuanto la ve le parece la mujer más bella del mundo,
empieza a bailar con ella, y está encantado, pero el caso es que
ella tenía irse antes del baile por que tenía que volver a las
cocinas y recoger todo y ayudar al cocinero para que no se diese
cuenta de su falta. Finalmente ella le dice que se tiene que ir y
sale corriendo. Se va a su habitación se quita el vestido se pone el
abrigo de toda clase de pieles y se baja a ayudar al cocinero. El
cocinero que le regaña por llegar tarde le dice que se de prisa que
tiene que preparar un caldo para el príncipe que se lo bebe todas
las noches tras el baile. Ella se da prisa, porque por si fuera poco
también se lo tiene que subir a su habitación. Finalmente ella se
lo sube, con la cabeza agachada temiendo que la reconozca. El
Príncipe, que seguía pensando en su misteriosa muchacha, le da las
gracias y “Toda clase de pieles” se va a su habitación.
Al
día siguiente, pasa lo mismo ella se escapa de las cocinas se va a
su habitación se arregla y se pone el vestido tan plateado como la
luna. Ella se va a bailar con el príncipe y todos disfrutan de una
noche estupenda, hasta que “Toda clase de pieles” se tiene que
marchar antes de que en las cocinas noten su ausencia por lo que se
marcha corriendo, pero el Príncipe que no tenía ninguna intención
de dejarla marchar de nuevo intenta retenerla hablando con ella y
explicandole que no había conocido a nadie así y que se había
enamorado y que quería que se quedase, pero ella, aun sintiendo lo
mismo no podía, por lo que se marcho.
Cuando
llego a las cocinas pasó exactamente lo mismo, el cocinero le mando
preparar el caldo del Príncipe y subírselo a sus aposentos. Ella se
lo sube pero esta vez el Príncipe tiene que descubrir quien es esa
misteriosa muchacha y le pregunta a “Toda clase de pieles” si la
había visto o sabía quien podía ser. Ella ,muerta de vergüenza,
sin levantar la cabeza le dice que no, que ella no tenía ni idea y
se marcha. Pero el Príncipe se quedó aun más extrañado de su
comportamiento y se olía algo raro, pero era tarde estaba cansado y
se fue a la cama pensando en su adorable muchacha del baile.
El
tercer y último día paso lo mismo que los anteriores, ella se
vistió con el vestido tan brillante como las estrellas y fue al
baile. Ese día que estaba aún más bella si podía ser posible,
estuvo toda la noche bailando con el Príncipe, él no tenía ojos
para otra. En cuanto fue la hora de marcharse “Toda clase de
pieles” quiso irse pero el Príncipe la retenía y la retenía. Él
que no era tonto se fijó en una cadena, que llevaba puesta alrededor
del cuello, en la que colgaba un anillo de oro. Ella en el momento en
el que pudo, salió corriendo. “Toda clase de pieles” que llegaba
más tarde que los otros días se cambió lo más rápido posible se
fue a las cocinas y se dispuso a preparar el caldo para el Príncipe.
En cuanto lo tuvo hecho se lo subió , sin percatarse que con las
prisas no se había dado cuenta de que aún seguía llevando el mismo
peinado que en el baile y también la cadena con el anillo de su
madre enganchado al cuello. Cuando entró, el Príncipe se levantó y
empezó a prestar más atención a las cosas que de costumbre. Ella
que estaba temblando, le entregó el caldo, con la cabeza agachada y
se dispuso a irse, pero el Príncipe la detuvo. Ella que llevaba la
cara más limpia de lo normal y su rostro se veía con mayor claridad
el Príncipe se paró a mirarla y la reconoció pero no quería
asustarla por lo que le dijo que tenía colgado en el cuello un
anillo muy bonito. Ella ya estaba que le daba un vuelco al corazón,
se dio cuenta de que se le había olvidado quitarse el colgante de
su madre y ya no sabía donde meterse y explicar donde una pobre
muchacha que trabajaba en las cocinas había podido conseguir un
anillo tan valioso. El Príncipe con una sonrisa en la cara la cogió
de las manos le puso un anillo el mano y le dijo este anillo es el
compañero del que llevas colgado porque tu eres la mujer con la
quiero pasar el resto de mi vida. Ella se dio cuenta de que el
Príncipe la quería de verdad y se lanzó hacía sus brazos
rebosando alegría y amor.
Finalmente
ella le contó lo tonta que había sido en el pasado y quería volver
con su padre y explicarle toda su historia. Su padre se había
despreocupado totalmente de sus obligación para buscar una esposa,
dando todo su tiempo en la búsqueda de su hija, estando asustado
durante años pensando que le había podido pasar algo a su hija, se
alegro enormemente al verla, la perdono sin pensarselo dos veces y
TODOS FUERON FELICES Y COMIERON PERDICES”.
FIN
En
cuento mi abuela terminó de contarme esta historia me eche entre sus
brazos y me dormí.
Se cambia
- El como muere la reina. Muerte desconocida
- La insistencia de los consejeros por que el rey se casase. Acepto e intento cumplir la promesa de su esposa.
- La cadena que le da la madre al rey para que su hija la recuerde. Ella la encuentra casualmente.
- Los tres colgantes. Por un solo colgante.
- El regalo de los tres vestidos y el abrigo de toda clase de pieles de su padre para no casarse. Los encuentra ella que eran de su difunta madre.
- El obsequio de su madre para su hija. Lo encuentra junto con el vestido de toda clase de pieles.
- Se escapa del castillo. Quiere enseñar sus vestidos a los animales del bosque y se pierde.
- Le pide permiso al cocinero para ir al baile. Se escapa sin que se den cuenta para ir al baile.
- Tira las tres noches los tres colgantes, la última noche solo tira el anillo de boda.
- El Príncipe le mete el anillo en el dedo en la última noche. No se lo mete.
- El Príncipe se da cuenta de que es “Toda clase de pieles” por el anillo que le había metido en el dedo. Se da cuenta por el anillo que llevaba colgado en el cuello, y que seguía llevando tras la fiesta.
Se mantiene
- Los tres vestidos
- El abrigo de toda clase de pieles
- La simbología de la cadena con el anillo de oro que le recuerda a su madre.
- Los personajes
- El objetivo de los personajes principales. Que el rey encontrase esposa, aunque en esta historia no la encuentra, y que “Toda clase de pieles” se enamore del Príncipe.
Bien. Dos cuestiones, una de adaptación (que rompe el esqueleto del cuento) y otra de estilo.
ResponderEliminar- No puedes cambiar alegramente de presente a pasado. Elige un tiempo y mantenlo durante toda la historia.
- Los tres vestidos y el abrigo de toda clase de pieles, además de servir para los bailes, son excusas de la princesa para alargar el momento de tener que hacer lo que no desea hacer. De hecho, ella debe salir del palacio por no aceptar el destino que otros han elegido para ella (se a su padre o quien sea).
En tu cuento, no hay motivo por el que ella no diga quién es. Se ha perdido en el bosque, está asustada, la encuentran... lo lógico es que, una vez que ha visto que son personas buenas, diga su nombre y vuelva a casa porque no tiene ningún motivo para huir.